Una educación en crisis

En mil novecientos setenta y seis, Felipe se graduó de bachiller en ciencias físicas y matemática, se sentía feliz, contento, su sueño de hace años por fin era una realidad.

Su alegría duro poco, pronto se dio cuenta que aquel era un título de inútil, no servía para nada, tenía 18 años, edad para trabajar, pero no sabía nada que hacer.

Le habían dado inglés, francés, pero no sabía francés, no sé, pensó, creo que los profesores que me impartieron estas clases tampoco lo sabían, suele decir Felipe al contar su historia.

Nuestros jóvenes por décadas han seguido el mismo patrón, doce años de estudios, de esfuerzo para salir sin ni siquiera saber leer muy bien, ¿De quién es la culpa? Algunos dirán que es del joven poco aplicado otros de los malos profesores, o de los gobiernos. Es un sistema injusto que no proporciona las condiciones mínimas en la que se pueda desarrollarse un exitoso proceso de enseñanza y aprendizaje.

Para muestra solo habría que señalar la marcada diferencia de los alumnos de los sectores privilegiados de la clase dominante, ellos  aprenden pero sus condiciones de vida son otras, sus profesores son muy calificados.

Lo doloroso de todo este caso es que ahora que educación recibe el 4% del producto interno bruto (PIB) se invierten cuantiosos recursos en planta física pero poco o nada en cambiar la estructura ideológica y programática de la educación Dominicana.

Necesitamos un plan, un proyecto a corto mediano y largo plazo para ir cambiando el currículo  y preparando a los maestros que en su gran mayoría adolecen de grandes lagunas pues no olvidemos que allí han sido formados en un sistema deficiente y arrastran esas deficiencias.

Es urgente definir hacia dónde queremos llegar, ¿Qué tipo de sociedad queremos? Para que la tanda extendida si no hay un programa para desarrollar en el aula, si no existen propósitos claros y definidos de

lo que queremos enseñarles a nuestros jóvenes.

Desde el año en que me gradué (1976) miles de estudiantes en todo el país han recibido su título de inútil, como yo y se habrán sumido en la impotencia, en la frustración.

Para intentar salir del anonimato y encontrar un lugar en el mercado del trabajo es necesario ir a las universidades, para lo único que me sirvió el bachillerato, para abrirme la puerta a otro centro de estudio, pero a decir verdad aquí tampoco las cosas en materia de educación andan muy bien y el titulo no es una garantía para el joven egresado.

crisis

 

 

 

 

Escritor: José Enerio Vásquez

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