Características y funciones del calcio

¿Sabías que el calcio es el mineral que más abunda en nuestro cuerpo? Una persona adulta puede llegar a acumular hasta el 1,6% de su peso de él. No solo está presente en los tejidos sino también en el plasma sanguíneo, el cerebro y las células.

En este artículo te contaremos cuáles son sus propiedades, funciones y fuentes, y por qué es un elemento indispensable en tu vida.

El principal objetivo del calcio es construir los huesos y los dientes. Sin embargo, esa no es la única función.

La presencia de este mineral en otras partes del cuerpo (como, por ejemplo, la sangre) nos demuestra sus múltiples facetas y, además, que está presente en varios mecanismos corporales.

Por ello se suele decir que necesitamos el calcio para crecer fuertes y sanos.

La pequeña proporción de calcio en la sangre es necesaria para el metabolismo, la actividad mental y la contracción muscular (sin dudas, actividades de carácter imprescindible).

Dentro de los tejidos el calcio se combina con el fósforo y el resultado es un fortalecimiento de los huesos; cuando se mezcla con el flúor ayuda a los tejidos fibrosos, los tendones, los cristalinos, la epidermis y el esmalte dental.

No obstante, debemos tener en cuenta que si llevamos una dieta rica en fósforo o demasiado ácida, el calcio de los huesos se pierde (para contrarrestar el ingreso de este otro mineral).

El calcio está íntimamente relacionado, además, con la vitamina D para mejorar la fijación ósea, con el magnesio para constituir los huesos y con el boro para aumentar los niveles de estrógeno en la sangre (esta hormona se ocupa también de la preservación ósea).

Llevar una dieta rica en calcio, entonces, se traduce en una mejor fijación de los nutrientes y, sobre todo, una mayor protección frente a la osteoporosis.

Los beneficios de consumirlo en la dieta van más allá de esta propiedad (como si no fuese suficiente), ya que se ha comprobado, por ejemplo, que el calcio previene el cáncer de colon y reduce la obesidad.

El calcio a cada edad

El calcio es vital en cada etapa de la vida y por ello debemos consumirlo periódicamente. En los primeros años sirve para desarrollar los huesos y los dientes; en la adolescencia, para continuar con el crecimiento óseo y ayudar en los procesos hormonales.

A medida que vamos creciendo los huesos van perdiendo densidad y requieren una buena dosis este mineral todos los días.

Por más que en la niñez se haya cumplido con la cantidad estipulada, no podemos “darnos el lujo” de reducir la dosis al crecer.

Cada vez es más frecuente que haya personas con problemas en los huesos por la falta de calcio. La osteoporosis es una descalcificación que aparece sobre todo en las mujeres a partir de los 50 años.

Muchas de ellas piensan que comiendo un yogur al día podrán cumplir con las cantidades necesarias, pero no es tan así. Tampoco es bueno eliminar por completo los lácteos, ya que eso repercute en la salud dental y ósea.

Al llegar a la vejez los huesos son cada vez más frágiles y es más probable sufrir quebraduras o fisuras.

Es muy importante que, llegados a este periodo, se aumente la ingesta de calcio para que se puedan evitar las fracturas o bien puedan sanar más rápido.

A ello hay que sumarle otros nutrientes, como el magnesio y las vitaminas D y K2, que favorezcan su absorción.

Las dosis diarias recomendadas según la edad o etapa de la vida son:

  • De 4 a 8 años: 800 mg
  • De 9 a 18 años: 1300 mg
  • De 19 a 50 años: 1000 mg
  • A partir de los 51 años: 1200 mg
  • Mujeres embarazadas o en etapa de lactancia: 1200 mg
  • Mujeres en menopausia y postmenopausia: 1500 mg

Las personas que tienen mayores riesgos de padecer déficits de calcio son las mujeres en la etapa de la menopausia (y posterior), los intolerantes a la lactosa y los vegetarianos o veganos.

Si bien existen muchas fuentes de este nutriente, los lácteos siguen siendo los más importantes.

Vale decir también que para mejorar su absorción no se pueden consumir más de 500 mg al mismo tiempo. Lo mejor es dividir la ingesta en 2 o 3 dosis a lo largo del día. Por ejemplo en el desayuno, en el almuerzo y en la cena.

Las dosis altas de calcio en la sangre pueden provocar cálculos renales, náuseas, dolores abdominales, ritmo cardíaco irregular y sequedad en la boca.

También es preciso saber que ingerir mucha vitamina D eleva la cantidad de calcio, y esto puede interferir en el proceso de absorción de otros minerales (como el zinc o el hierro).

Fuente.mejorconsalud

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