Si tan solo nos lleváramos de consejos, otro gallo cantaría un ejemplo de esto,  “no abras la boca si lo que vas a decir no es más hermoso que el silencio” o “en boca cerrada no entran moscas”. Y esto vale para la vida, pero sobre todo es esencial recordarlo en un ambiente laboral, donde cuanto digas y cómo lo hagas cuenta, y puede marcar la diferencia entre un ascenso o verte de la noche a la mañana de patitas en la calle.

Puede que seas una de esas personas que siempre va con la verdad por delante, que no te calles ni debajo del agua o que te escudes en que ‘yo soy así’, pero, afrontémoslo, en el juego de tronos del mundo laboral, tu jefe, por muchas cañas que se tome contigo después del trabajo, sigue siendo quien reparte cartas.

1. “Estás equivocado”

“Criticar abiertamente o señalar los errores de tu jefe es la forma más rápida de ser excluido de futuras reuniones y que no te hagan ni caso la próxima vez que quieras hablar”, cuenta Rosalinda Oropeza Randall, experta en etiqueta y protocolo y autora de ‘Don’t Burp in the Boardroom’. Por el contrario, si creemos que nuestro responsable ha cometido un fallo, podemos aproximarnos de otras formas más adecuadas: “Puedes decirle algo así como: quizás esté equivocado, pero tengo la impresión de que…”, lo que deja sin defensas a la otra persona porque le obliga a reconsiderar la información que te ha dado. “Cualquier frase que uses debería ser en tono cordial y con voluntad de ayudar”.

 

2. “No puedo”

Un craso error que sólo indica a los demás que no tienes confianza en ti mismo ni voluntad para intentarlo reiteradamente hasta que consigas tu objetivo. Y esto no gusta a nadie, especialmente a los jefes, insiste Taylor.

3. “Eso no es lo que oí yo”

Evitar los rumores y las conjeturas está bien, pero si no estás seguro de algo deberías comprobarlo o esperar a que las cosas se aclaren antes de cometer riesgo que te hagan parecer poco profesional.

 

4. “¿Y qué saco yo de esto?”

Muchas veces tu trabajo también conlleva ayudar a otras personas y departamentos. A nadie, y menos a los jefes, les gustan las personas que no saben trabajar en equipo, señalan los expertos.

5. “Su Esposo o Esposa no visita la empresa”

Muchos empleados o empleadas, se toman derechos que no les conciernen, como inmiscuirse en temas personales de su jefe. Siempre es recomendable saber poco de la vida de su subalterno, o al menos no ser tan obvio si ya conoce la historia.

6. “Contestar cuando no te preguntan”

Existen personas que son expertas contestando cuando no se  le ha preguntado, sera esto  un mal creo que debe llamarse metiche, puesto a que siempre tiene una respuesta  aun  que esta sea errónea.

7. “Lo siento, pero…”

Está bien disculparse, pero en un terreno profesional se espera un poco más de nosotros. Podemos añadir, sugieren los expertos, algo así como “estaré mucho más atento la próxima vez”, que un simple “lo siento” seguido de una excusa.

 

8. “Estoy ocupado. ¿Te importa esperar?”

Tu responsabilidad es preguntar a tu jefe si las prioridades han cambiado, ya que tus objetivos deben estar alineados con los del departamento. “Las prioridades no son estancas la mayoría de las veces, lo mejor es asegurarte de que no se ha producido un cambio de rumbo”, recomiendan los expertos.

9.”Es imposible”

Admitámoslo, nadie quiere a las personas negativas; de hecho, la negatividad es contagiosa. Lo mejor que puedes hacer si tu responsable te plantea una tarea complicada es comunicarle tus miedos e intentar que se ponga en tus zapatos. Recuerda escoger tus argumentos cuidadosamente cuando te encuentres desbordado de trabajo y no sepas cómo salir, si no quieres acabar siendo esclavo de tus palabras

10.”Puedo salir más temprano? No hay mucho trabajo”

Está bien que necesites salir antes un día, pero no añadas la coletilla final. Recuerda que siempre hay algo pendiente que uno jamás tiene tiempo de hacer y los jefes lo que quieren ver es iniciativa, recomienda Taylor.

 

 

 

Fuente.El confidente.com

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